SEÑOR CUBRE A MIS HIJOS CON TU MANTO ESTA NOCHE QUE DUERMAN PROTEGIDOS
Yo los tapaba con la frazada. Pero sentía que no alcanzaba. Que la frazada no tapa los miedos, no tapa las pesadillas, no tapa lo malo que pasa de noche. Hasta que una noche, vi a Jesús tapándolos con su manto, como en este dibujo. Y desde entonces, duermen protegidos.
Me llamo Andrea. Tengo 34 años. Soy mamá de Benja de 7 y Emma de 5, los del dibujo, con su gorrito verde y su pijama rosa de corazones, con sus mochilas verde y rosa tiradas al lado de la cama después de un día largo de escuela. Y esta imagen que ves, de la mamá arrodillada al lado de la cama de madera, la lamparita prendida, la ventanita de noche y Jesús cubriéndolos con un manto celeste que brilla, es mi cuarto todas las noches a las 9 de la noche.
Mis hijos siempre tuvieron miedo de noche. Desde chiquitos. Benja me decía: “Mamá, hay un monstruo en la ventana”. Emma se despertaba llorando a las 3 de la mañana diciendo que soñó que me moría.
Yo los tapaba con la frazada, les dejaba la lamparita prendida, como la del dibujo, les ponía música. Pero se seguían despertando. Yo también tenía miedo de noche. Miedo a que se enfermen de noche, miedo a que les pase algo mientras duermen y yo no me dé cuenta.
Una noche de tormenta, se cortó la luz. La lamparita se apagó. Mis hijos gritaron. Entré corriendo a su cuarto. Estaba oscuro total. Los abracé en la cama. Les dije: “No tengan miedo, mamá está acá”.
Y Benja me dijo, llorando: “Mamá, tu frazada no me tapa el miedo”.
Esa frase me partió el alma. Tu frazada no me tapa el miedo.
Esa noche, después de que se durmieron, me arrodillé al lado de su cama, como la mamá del dibujo, con las manos juntas, y dije por primera vez esta oración: “Señor, cubre a mis hijos con tu manto esta noche, que duerman protegidos”.
Y me quedé ahí, arrodillada, mirándolos dormir. Y aunque estaba oscuro por el corte de luz, vi algo. Vi una luz dorada que entraba por la ventana. Vi a Jesús, con su aureola dorada, parado detrás de la cama, con un manto celeste enorme, brillante, y los estaba cubriendo, por encima de mi frazada. Su manto cubría toda la cama.
Sentí paz. Una paz caliente.
Desde esa noche, mis hijos duermen toda la noche de corrido. No se despiertan más. No tienen más pesadillas.
Benja me dijo una mañana: “Mamá, soñé que un señor me tapaba con una capa azul que brillaba y ya no tuve miedo”.
Yo le mostré el dibujo que mandé a hacer, igualito a lo que vi esa noche del corte de luz: nuestra cama de madera, nuestras mochilas en el piso, nuestra lamparita, yo arrodillada, y Jesús con su manto.
Hoy lo tengo pegado arriba de su cama. Todas las noches, a las 9, nos arrodillamos los tres al lado de la cama y decimos juntos: “Señor, cubre a mis hijos con tu manto esta noche, que duerman protegidos”. Y ellos se acuestan y yo veo cómo el manto los cubre.
Si tú hoy tienes un hijo que no duerme bien, que se despierta llorando, que tiene miedo a la oscuridad, que tiene pesadillas.
No alcanza con la frazada. No alcanza con dejar la luz prendida.
Arrodíllate hoy al lado de su cama, como la mamá del dibujo, y di conmigo:
“Señor, cubre a mis hijos con tu manto esta noche, que duerman protegidos”.
Porque te juro por mi noche de corte de luz, que hay un manto celeste que sí tapa el miedo. Y que va a hacer que duerman protegidos toda la noche.
Escribe AMÉN y el nombre de tus hijos que hoy necesitan dormir protegidos. Comparte este dibujo con una mamá que hoy no duerme porque sus hijos tienen miedo de noche.