MIENTRAS MAMÁ ORA, SUS HIJOS DUERMEN PROTEGIDOS BAJO ALAS DE ÁNGELES

MIENTRAS MAMÁ ORA, SUS HIJOS DUERMEN PROTEGIDOS BAJO ALAS DE ÁNGELES

Yo pensaba que mientras yo rezaba, mis hijos estaban solos. Que yo rezaba acá abajo y ellos dormían allá arriba sin protección. Hasta que una noche vi lo que ves en este dibujo: mientras yo oraba arrodillada, unas alas enormes cubrían su cama. Entendí que mientras mamá ora, sus hijos duermen protegidos bajo alas de ángeles.

Me llamo Florencia. Tengo 30 años. Soy mamá soltera de Benja y Emma, los mismos de siempre, con su pijamita celeste de estrellitas y rosa de corazones. Y esta imagen que ves, de la mamá con vincha beige arrodillada en la alfombrita, la mesita con lavanda y velita, la ventana de noche estrellada y las dos alas blancas gigantes que salen del cielo y cubren la cama de los niños, es mi cuarto a las 10 de la noche.

Yo rezo todas las noches. Desde que me separé, rezar es lo único que me queda. Pero muchas veces rezaba con culpa. Pensaba: “Estoy acá abajo rezando, perdiendo tiempo, y mis hijos están solos en la cama, sin que nadie los cuide”.

Mis hijos, como todos los niños, se movían mucho de noche. Se destapaban. Benja se caía de la cama. Emma lloraba dormida.

Una noche de invierno, hacía mucho frío. Los tapé bien con su frazada celeste y rosa, me arrodillé en la alfombra redonda que tengo al lado de la cama, como la del dibujo, y empecé a rezar. Tenía mucho frío en los pies, estaba descalza.

Mientras rezaba con los ojos cerrados, sentí un calor muy fuerte en mi espalda. Como si alguien hubiera prendido una estufa gigante. Abrí los ojos y vi, en el reflejo de la ventana, lo que ves en este dibujo: dos alas enormes, blancas, luminosas, con brillo, que bajaban del techo y cubrían la cama de mis hijos. No era una frazada. Eran alas. Alas de ángel.

Mis hijos, que siempre se destapaban, estaban perfectamente tapados. Pero no con la frazada. Con las alas. Y dormían con una paz que nunca había visto. Con una sonrisa.

Me quedé arrodillada, llorando, mirando las alas. Entendí todo. Mientras yo oraba, alguien más los estaba tapando. Mientras mamá ora, sus hijos duermen protegidos bajo alas de ángeles.

Al día siguiente, Benja me dijo: “Mamá, anoche soñé que un pájaro grande blanco me tapaba y no tenía frío”. Emma me dijo: “Yo soñé que dormía adentro de un abrazo”.

Mandé a hacer este dibujo idéntico a lo que vi: mi pelo castaño con vincha, mi chal beige, mis hijos en su camita de madera, y las alas enormes detrás.

Desde entonces, todas las noches, aunque tenga sueño, aunque esté cansada del trabajo, me arrodillo igual. Porque sé que en el momento exacto en que yo junto mis manos y digo “Padre nuestro”, unas alas bajan del cielo y tapan a mis hijos.

La semana pasada, hubo un temblor chiquito en mi ciudad. Muchas casas se les cayó un poco de revoque. Mi vecina me dijo que a su hijo se le cayó un cuadro arriba de la cama mientras dormía. A mis hijos, nada. Yo sé por qué. Estaban bajo alas.

Si tú hoy eres una mamá que reza de noche al lado de la cama de sus hijos, y a veces piensas que tu oración no sirve para nada, que estás sola arrodillada en una alfombra fría mientras todos duermen.

Quiero que veas este dibujo y sepas la verdad:

Mientras tú oras, tus hijos no están solos. Mientras mamá ora, sus hijos duermen protegidos bajo alas de ángeles.

Hoy, antes de dormir, arrodíllate, aunque sea 2 minutos, al lado de su cama, junta tus manos y reza. Y cuando abras los ojos, mira su cama. Vas a ver que están más tapaditos, más calentitos, más en paz.

Escribe AMÉN si hoy vas a orar para que tus hijos duerman bajo alas de ángeles. Comparte este dibujo con una mamá que hoy va a orar de noche por sus hijos.

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