DIOS NUNCA LLEGA TARDE, LLEGA JUSTO A TIEMPO

DIOS NUNCA LLEGA TARDE, LLEGA JUSTO A TIEMPO

Yo pensé que Dios se había olvidado de mí. Que llegaba tarde. Que mi oración no la escuchaba. Lloraba en mi cuarto y le decía: Señor, ¿cuándo? ¿Cuándo me vas a ayudar? Y Él me respondió con este dibujo: Yo nunca llego tarde, hija. Llego justo a tiempo, cuando más me necesitas.

Me llamo Mariana. Tengo 37 años. Soy mamá de dos, como la del dibujo, Emma y Benja dormidos juntos en su camita de madera con colcha de flores. Y esta imagen que ves, de la mamá arrodillada con moño celeste, la velita prendida, el ángel con halo y alas arriba de la cama y el amanecer entrando por la ventana, es mi historia de la semana pasada.

Hace 2 años que estoy pidiendo lo mismo. Que mi esposo deje el alcohol. Que consiga trabajo. Que mis hijos no se enfermen tanto. Rezo todas las noches, como la mamá del dibujo, al lado de su cama. Y nada pasaba.

Veía a otras mamás que rezaban y a la semana Dios les contestaba. Y yo, nada. Dos años rezando lo mismo.

Empecé a pensar que Dios llegaba tarde para mí. Que se había olvidado de mi casita de piedra. Que mi ventana no recibía amanecer.

El martes pasado, toqué fondo. Mi esposo volvió tomado otra vez. No teníamos para pagar la luz. Emma tenía fiebre. Yo me arrodillé al lado de la cama, con mi delantal de flores, como la del dibujo, y lloré, pero ya no con fe, con rabia. Le dije: “Dios, ¿dónde estás? Llegas tarde. Siempre llegas tarde para mí”.

Me quedé dormida ahí, en la alfombrita, al lado de la cama de mis hijos.

Me despertó un brillo. Era el amanecer entrando por la ventana, como el del dibujo, naranja, dorado. Y sentí calor arriba mío. Miré y, arriba de la cama de mis hijos, había un angelito, igual al del dibujo, chiquitito, con pelo rubio rizado, con alas blancas, con halo dorado, rezando con las manitos juntas, mirándome a mí.

Y escuché en mi corazón: “No llego tarde. Llego justo a tiempo. Cuando más me necesitas, ahí llego”.

Ese mismo día, a las 10 de la mañana, me llamó mi hermana que vive en España, que hace 2 años no me hablaba porque nos habíamos peleado. Me dijo: “Mariana, soñé contigo, soñé que me necesitabas, te mandé dinero para la luz”. Me mandó 300 dólares.

A las 11, mi esposo me llamó llorando del trabajo. Me dijo: “Fui a pedir trabajo a la construcción y me hicieron soplar para ver si había tomado, y no había tomado hoy, y me dieron el trabajo. Empiezo mañana”.

A las 12, a Emma se le bajó la fiebre sola.

Todo en la misma mañana. Todo justo a tiempo. Si el dinero de mi hermana hubiera llegado una semana antes, lo hubiéramos gastado en otra cosa y no en la luz que nos cortaban ese martes. Si el trabajo de mi esposo hubiera llegado un mes antes, hubiera vuelto a tomar. Llegó justo el día que él estaba sobrio. Si la fiebre se hubiera bajado antes, yo no me hubiera arrodillado con rabia y no hubiera visto al ángel.

Dios nunca llega tarde. Llega justo a tiempo. Cuando ya no puedes más, cuando es el amanecer después de la noche más oscura, ahí llega.

Mandé a hacer este dibujo de mi amanecer. Lo tengo pegado abajo, donde dice: Dios nunca llega tarde, llega justo a tiempo. Cada vez que pienso que tarda, miro el amanecer de mi ventana.

Si tú hoy estás esperando un milagro y piensas que Dios llega tarde. Que tu esposo no cambia, que tu hijo no sana, que tu deuda no se paga, que tu oración lleva años sin respuesta.

No es que llega tarde. Es que todavía no es el tiempo justo.

Hoy, arrodíllate como la mamá del dibujo, al lado de la cama de tus hijos, y dile: “Aunque parezca que llegas tarde, yo sé que llegas justo a tiempo”.

Porque te juro por mi amanecer del martes, que cuando más lo necesitas, ahí aparece el ángel arriba de tu cama y el sol entra por tu ventana.

Escribe AMÉN si hoy estás esperando que Dios llegue justo a tiempo. Comparte este dibujo con una mamá que piensa que Dios se olvidó de ella y llega tarde.

Leave a Comment