AUNQUE NO ALCANCE, DIOS PROVEERÁ
Yo conté las monedas. Tenía 7 monedas. Y tenía que comprar pan, leche y pañales. No alcanzaba. Me arrodillé frente a esas 7 monedas y le dije a Dios lo que dice este dibujo: “Aunque no alcance, Dios proveerá”. Y esa noche, Dios multiplicó mi pan.
Me llamo Patricia. Tengo 34 años. Soy mamá soltera de una nena de 3 años, Sofía. Y esta imagen que ves, de la chica rezando frente a una canasta de panes y unas pocas moneditas, con Jesús bendiciéndolo, me pasó a mí hace dos semanas. Literal.
Mi esposo se fue cuando Sofía tenía 6 meses. Me dejó con deudas. Yo trabajaba vendiendo empanadas en la calle. Con eso pagaba el alquiler de una piecita de 4×4, sin ventana.
Había semanas buenas, donde vendía 50 empanadas por día y me alcanzaba para todo. Y había semanas malas, donde llovía y no vendía nada.
Hace un mes, fue la peor semana de mi vida. Llovió 5 días seguidos. No pude salir a vender. No tenía heladera, así que todo lo que tenía para vender se me pudrió. Perdí toda mi inversión.
El viernes, fui a ver mi cajita donde guardaba la plata. Tenía 7 monedas. 7 moneditas de 1 peso. 7 pesos. Necesitaba 20 pesos para comprar un paquete de pañales, que ya no tenía. Sofía estaba con el último pañal, todo mojado.
Necesitaba pan, leche y pañales. Y tenía 7 pesos.
Me senté en el piso de mi piecita, con Sofía en brazos llorando porque tenía hambre, y conté las 7 moneditas una y otra vez. Lloré. Le dije a Sofía: “Perdóname hija, mamá no tiene”.
En ese momento, me acordé de mi abuela. Ella siempre me decía cuando no alcanzaba: “Hija, cuando no alcance, pon las moneditas en la mesa, arrodíllate y decí: Aunque no alcance, Dios proveerá. Porque Dios multiplicó los panes”.
Yo no tenía pan. Tenía 7 monedas. Pero me arrodillé igual, como la chica del dibujo, con las manos juntas, frente a mis 7 moneditas y una canastita vacía que tenía.
Y recé: “Aunque no alcance, Dios proveerá”.
No pasó nada mágico en ese momento. No cayeron billetes del cielo. Pero sentí paz. Una paz rara. Como si Jesús estuviera al lado mío, con su mano levantada bendiciendo mi canastita vacía, como en el dibujo.
Me levanté, agarré las 7 moneditas y a Sofía, y salí a la panadería de la esquina a comprar lo que alcanzara. Aunque sea un pan.
En la panadería, la señora me conoce. Me dijo: “Pato, ¿cómo andás?”. Yo le dije con vergüenza: “Mal, solo tengo 7 pesos, ¿qué me alcanza?”.
Ella me miró, miró a Sofía, y me dijo: “Esperame”. Se metió adentro y salió con una bolsa grande llena de panes. Panes del día anterior que no había vendido, pero que estaban perfectos. Media docena de facturas. Y dos litros de leche que estaban por vencer mañana.
Me dijo: “Llevate todo esto. Son 7 pesos”.
Yo lloraba. Le dije: “Pero esto vale mucho más”.
Me dijo: “Hoy me levanté con ganas de regalar. Dios me dijo que hoy te iba a necesitar. Llevatelo”.
Llegué a mi casa con la canasta llena, igualita a la del dibujo, brillante. Con pan de sobra para 3 días.
Cuando estaba guardando el pan, tocaron la puerta. Era mi vecina de al lado. Me dijo: “Pato, mi hija usa pañales más grandes y me quedaron dos paquetes de pañales de Sofía que le quedaron chicos. ¿Los querés? Están cerrados”.
Eran dos paquetes de 30 pañales cada uno. Justo la talla de Sofía.
Esa noche, Sofía comió pan con leche, con pañal seco, y se durmió contenta.
Al día siguiente, sábado, salió el sol. Pude salir a vender empanadas de nuevo. Pero esta vez, una señora que me había comprado empanadas hace mucho me vio y me dijo: “Pato, ¿no querés vender tus empanadas en la puerta de mi negocio? Yo tengo un kiosco y pasa mucha gente. No te cobro nada”.
Hoy vendo 80 empanadas por día en la puerta de su kiosco. Ya no vendo en la calle bajo la lluvia.
Mandé a hacer este dibujo y lo tengo pegado arriba de mi cajita de monedas. Cada vez que cuento y no alcanza, lo miro y digo: “Aunque no alcance, Dios proveerá”.
Y siempre provee. A veces con pan de la panadera. A veces con pañales de la vecina. A veces con un lugar para vender.
Si tú hoy contaste tus monedas y no te alcanza para la leche, para el pañal, para el alquiler, para la luz.
No tires las monedas. Ponlas en la mesa, arrodíllate como la chica del dibujo y di conmigo, con fe:
“Aunque no alcance, Dios proveerá”.
Porque te juro por mis 7 moneditas que se convirtieron en una canasta llena, que Dios todavía multiplica los panes. Y Él está al lado tuyo con la mano levantada, bendiciendo tu poquito para que se haga mucho.
Escribe AMÉN y cuéntame cuántas monedas tienes hoy, vamos a orar para que Dios las multiplique. Comparte este dibujo con una mamá que hoy no le alcanza y necesita saber que Dios proveerá.