SEÑOR LÍBRAME DE LA ENVIDIA DEL CHISME Y DEL MAL OJO CÚBREME TÚ

SEÑOR LÍBRAME DE LA ENVIDIA DEL CHISME Y DEL MAL OJO CÚBREME TÚ

Yo nunca creí en el mal de ojo. Pensaba que eran cosas de gente supersticiosa. Hasta que sentí las flechas en mi propia espalda. Flechas de envidia, de chisme, de gente que decía quererme. Y entendí que solo una burbuja me podía salvar: la de Dios.

Me llamo Lorena. Tengo 42 años. Soy emprendedora. Y esta imagen que ves, de la mujer y Jesús sentados dentro de una burbuja dorada mientras flechas negras se quiebran afuera, es exactamente lo que viví hace 6 meses.

Hace dos años, yo no tenía nada. Me había separado, con dos hijos, trabajando como empleada doméstica. Limpieza por horas. Me alcanzaba justo para pagar el alquiler.

Pero siempre supe hacer tortas. Tortas ricas, caseras. Un día, una vecina me pidió una torta para el cumple de su hija. Se la hice. Le gustó tanto que la subió a Facebook y me etiquetó. Otra vecina me pidió. Otra. Otra.

Empecé a hacer tortas en mi cocinita chiquita, de madrugada, después de limpiar casas todo el día. Me iba bien. La gente decía que mis tortas tenían amor.

En 6 meses, renuncié a la limpieza. Puse mi emprendimiento: “Tortas de Lore”. Me compré un horno más grande. Me hice un logo. Empecé a vender 10 tortas por semana. Después 20. Después 30.

Nos mudamos a una casita un poco mejor. Les pude comprar zapatillas nuevas a mis hijos. Por primera vez en años, no tenía miedo de que no alcanzara.

Pero con el éxito, llegaron las flechas.

Al principio eran chismes chiquitos. La vecina de al lado decía: “Seguro lava plata, no puede vender tanto”. Una prima mía decía: “Seguro le pone algo raro a las tortas para que la gente vuelva”. Gente que nunca me había comprado una torta, opinaba de mi trabajo.

Después, se puso peor. Me empezaron a dejar comentarios feos en mi página de Facebook. Cuentas falsas que ponían: “Me dio diarrea con su torta”, “Tiene la cocina sucia, yo la vi”. Mentiras. Mentiras totales.

Un día, me levanté y tenía la puerta de mi casa rayada con un clavo: “Muerta de hambre”.

Otro día, me tiraron basura en la entrada de mi casa.

Yo lloraba. No entendía. Yo no le había hecho mal a nadie. Yo solo hacía tortas. ¿Por qué me envidiaban? ¿Por qué me tiraban mal ojo?

Empecé a sentirme mal físicamente. Me dolía la cabeza todos los días. Se me caía el pelo. Mis tortas, que siempre me salían esponjosas, se me empezaban a hundir en el medio, a quemar. Como si algo me hubiera ojeado.

Una clienta, una señora mayor de la iglesia, vino a buscar una torta y me vio llorando en mi cocina. Me agarró la mano y me dijo: “Hija, te tienen envidia. Es envidia, chisme y mal ojo. Y eso es una flecha que si te la crees, te mata. Tenés que cubrirte”.

Me mostró esta imagen. La misma que estás viendo. Me dijo: “Rezá esto todos los días antes de abrir tu negocio: Señor, líbrame de la envidia, del chisme y del mal ojo, cúbreme Tú. Y vas a ver como las flechas se quiebran”.

Yo no creía mucho, pero estaba tan desesperada que empecé a hacerlo. Cada mañana, antes de prender el horno, a las 5 de la mañana, me arrodillaba en mi cocina, al lado de mi harina, y rezaba: “Señor, líbrame de la envidia, del chisme y del mal ojo, cúbreme Tú”.

Lo hice durante un mes. Al principio, las flechas seguían llegando. Más comentarios feos. Más chismes.

Hasta que un día, pasó algo increíble.

Era un sábado, tenía 15 tortas que entregar para 15 cumpleaños. Era mi récord. Estaba nerviosa. A las 8 de la mañana, me llegaron 3 mensajes juntos de 3 clientas diferentes que me decían: “Lore, no te preocupes por lo que dicen, tu torta es la mejor, no le hagas caso a la envidiosa”. Yo no entendía de qué hablaban.

Me metí a Facebook. Una mujer, la que me había rayado la puerta, la que me tenía más envidia, había hecho una publicación en un grupo del barrio muy grande, de 20.000 personas, escrachándome. Puso fotos de mis tortas y puso: “No le compren a esta, tiene la cocina llena de cucarachas, yo la vi”.

Yo sentí que me moría. 20.000 personas viendo eso. Mi negocio se iba a fundir.

Pero cuando empecé a leer los comentarios de su publicación, lloré.

Había 300 comentarios. Y los 300 me defendían a mí.

“Yo le compro hace un año y nunca me pasó nada, es la mejor”.

“Esta mujer es una envidiosa, se nota que le va mal y le molesta que a Lore le vaya bien”.

“Yo conozco su cocina, es más limpia que la de un hospital”.

“Lore, no le des bola, seguí haciendo tortas”.

La publicación que había hecho para destruirme, terminó haciéndome más famosa. Ese día me entraron 40 pedidos nuevos. De gente del grupo que no me conocía y que por el chisme me conoció y quiso probar mis tortas.

Las flechas se habían quebrado. Literalmente. Como en el dibujo. Habían chocado contra mi burbuja y se habían hecho pedazos.

Esa tarde, la mujer que me envidiaba borró la publicación. Me mandó un mensaje privado pidiéndome perdón. Me dijo que estaba pasando un mal momento y que le dio envidia verme progresar.

Hoy, “Tortas de Lore” vende 60 tortas por semana. Tengo dos ayudantes. Y todos los días, a las 5 de la mañana, me arrodillo y rezo mi oración.

Mandé a hacer este dibujo en grande y lo tengo pegado en mi cocina, arriba del horno. Cada vez que entra una flecha, la miro y me río. Porque sé que se va a quebrar.

Si tú hoy sientes que te tienen envidia, que hablan de ti a tus espaldas, que te tiran mal ojo, que te dicen: “¿Quién se cree que es?”, que te inventan chismes.

No te pongas a pelear. No contestes los comentarios. No te pongas triste.

Arrodíllate hoy y di conmigo:

“Señor, líbrame de la envidia, del chisme y del mal ojo, cúbreme Tú”.

Porque te juro por mis 60 tortas por semana, que hay una burbuja dorada que te va a cubrir. Y todas esas flechas negras que te tiran, se van a quebrar solitas.

Escribe AMÉN si necesitas que Dios te cubra de la envidia hoy. Comparte este dibujo con una emprendedora que hoy está llorando por culpa de gente envidiosa.

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